Cuando decidimos o por cosas del destino nos toca hacer el papel de la amante, hay que estar claro en que puede o no hacerse, porque ante todo hay que estar claro en lo que se es en la vida de esa persona y por supuesto el papel que jugamos en ella.
Una amante debe estar clara en que es la otra, la prioridad de tiempo y espacio siempre será para novia o esposa, para las amantes solo queda el ratico libre, una que otra noche escapada, por supuesto esto trae su lado positivo, la sensación de aventura y peligro al ser descubierto, la emoción, las ansias de verse y por supuesto la adrenalina del encuentro fortuito.
La amante no esta para enrollarse, si de por sí es poco el tiempo que se puede compartir con el objeto del deseo, ¿que razón podría haber como para discutir?, “Ninguna claro”, porque la idea es disfrutar al máximo de la compañía de esa persona.
No enamorarse es una regla indispensable aunque muy difícil de cumplir, yo ya esa la pele de plano. Porque entre la aventura, la emoción y además descubrir que el objeto del deseo es una persona interesante, inteligente, brillante, cariñosa sin contar siquiera el erotismo que exhala de su cuerpo es muy fácil sucumbir al enamoramiento y cuando reaccionamos ya es tarde, pero al menos debemos ocultarlo lo mejor posible.
Y la máxima de toda amante: no exigir, porque hay que estar claro las amantes no tienen derecho de exigir ni tiempo ni atenciones ni dedicación porque esas cosas le pertenecen a la “legal”.
Aun así la existencia del enamoramiento nos ciega y empezamos a extrañar, a querer, a sentir cosas intensas y allí es donde digo con certeza absoluta: ¡Estamos Jodidas!
miércoles, 5 de diciembre de 2007
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